¿Porqué la oxitocina mantiene la llama del amor encendida? 

El amor es como una droga: los efectos inician con encuentro de la persona amada, se activa tras la secreción la dopamina un neurotransmisor que activa diferentes partes del cerebro para provocar distintas reacciones fisiológicas como el aumento de la frecuencia cardiaca o de la presión arterial. El enamoramiento ocurre sobre la corteza prefrontal, la misma zona del cerebro asociada a la cognición.

Estudios de Resonancia Magnética Nuclear realizados a personas descorazonadas (con el corazón roto en sentido figurado) han revelado que en ese estado se activan mecanismos similares a los del dolor físico, además la presencia aguda de la angustia y la obsesión provoca lo mismo que a los adictos a la cocaína u opioides sienten en sus periodos de abstinencia. La falta de amor afecta nuestra capacidad de concentración en general y sobre todo la del pensamiento claro y profundo.

Pero no es necesaria una historia de desamor para que los receptores de la dopamina pierdan la sensibilidad encargada de disparar en un inicio su nivel hasta lo más alto en la escala del amor. La ciencia nos advierte que en un periodo aproximado de tres años éstos receptores dejarán de responder al estímulo inicial que desencadenaba la reacción placentera del encuentro con esa persona especial, es el momento en que uno se da cuenta de que algo sucedió, ya no es lo mismo que antes.

¿Porqué ya no es como al principio? Esa pregunta no necesariamente nos debe caer como una cubeta de agua fría si contamos con los caminos bien asentados para abrirle el paso a la oxitocina un neurotransmisor relacionado con la sensación de apego que solo se puede cosechar si se sembró bajo una relación más allá del amor intenso y placentero del inicio, sus activadores tienen que ver con  la mutua admiración, comunicación, colaboración y amistad dentro de la relación. La oxitocina mantiene la llama del amor encendida.